Recuerdos de Sangre - Capítulo 3: Entrada
- Kyon Andres
- 2 abr 2018
- 6 Min. de lectura
Su cuerpo no reaccionaba a los impulsos que su cerebro requería. Un escalofrío invadía su cuerpo con rapidez, cada vena y arteria eran invadías por un frío indescriptible, parecía que su sangre chillaba con horror. Sus ojos fijos observaban al misterio sujeta que sonreía desde la tarima. Al chocar con su desafiante mirada, instintivamente retrocedió algunos pasos. Al frente suyo, sin saberlo, se manifestaba el maestre.
La curiosidad innata de Marcos le advirtió de las decenas de ojos brillantes que aparecían por distintos espacios, los rodeaban en cuestión de segundo. Notó que la mayoría de ellos llevaban algunas capas de un material similar al cuero en tonalidades carmesís. Sus ojos parecían dilatados, añoraban conseguir algo entre los presentes del lugar.
Antes de poder ejecutar un movimiento o advertir a sus amigos de la situación, sintió la respiración pesada y agitada de una joven de cabellos rubios a su espalda, el ambiente había cambiado de una fiesta a un espacio lleno de temor por la presencia de esos individuos. Rápidamente un uniformado de la ley y el orden se colocó al frente del maestre para intervenir ante la joven atacada. Un policía de la ciudad.
—¡Deténganse! Está arrestado —declaró el policía con voz temblorosa, sus manos sostenían una pistola estándar de seguridad, entre sus dedos meñique y anular se ubican unas esposas que estaban abiertas.
El maestre sonrió con evidente placer ante la situación en la que se encontraban, en sus profundos pensamientos admiraba la ingenuidad y falsa valentía del humano al frente. Extendió su mano derecha y tronó sus dedos para generar el primer sonido grave del ambiente.
Marcos inmediatamente observó un movimiento anormal del maestre, seguido de un grito seco del policía. Los presentes llevaron sus manos a la boca y algunos retrocedieron varios pasos, el sujeto de la tarima mordía con malicia y ambición el cuello del policía.
Enseguida una docena de gritos se unieron al ambiente. Marcos notó como a pocos metros un chico de aproximadamente diecinueve años estaba siendo asesinado de la misma forma. A su costado izquierdo otro sujeto le propinó un golpe en la cara al atacante, este soltó al joven y de un rápido golpe en el rostro, causó que fuera lanzado varios metros contra una pared, quedando inconsciente. El atacante prosiguió con su alimentación.
—¡Vampiros! —gritó finalmente una joven observando los colmillos característicos. De inmediato identificó que con cada segundo que pasaba nuevos individuos aparecían entre las sombras.
La desesperación se apoderó de todos los residentes de la calle. Las fuerzas inundaron a la muchedumbre para correr en todas las direcciones. Marcos, tras dudar dos segundos, giró su cuerpo en una rápida carrera. Antes de avanzar dos metros reparó como uno de los atacantes atrapaba a su amigo y le mordía, con rapidez, el cuello para inmediatamente succionar su sangre.
—¡José Luis! —gritó Marcos con furia intentando regresar, pero su acompañante le haló del brazo e hizo una señal negativa con la cabeza demostrándole que era demasiado tarde. Al reparar en la situación de su alrededor, cayó en cuenta que aquellas criaturas de la noche se habían duplicado en cantidad de segundos, una veintena de ellas disfrutaban la sangre de los presentes y una decena aledaña atrapaba a incautos humanos.
Negó con su cabeza para alejar sus trágicos pensamientos, en ese momento observó cómo sus amigos se separaban y corrían en distintas direcciones. Su mirada chocó con los ojos amarillentos de uno de los seres, sin palabra alguna supo de inmediato que su vida estaba en peligro.
Marcos no tuvo más opción que correr por una calle aledaña, dirigiéndose al oriente de la ciudad. Cerca de él varias personas huían en la misma dirección, parecía imposible, pero toda puerta se encontraba cerrada y bloqueada a sus pasos.
Sus entrenamientos en las clases de educación física parecían tener un objetivo finalmente, su contextura ayudó en que corriera con mayor rapidez hasta virar en una esquina. De reojo percibió como una de esas criaturas le perseguía con emoción. Su corazón dio un vuelco al notar que a pocos metros un grupo de jóvenes se encontraba en la calle conversando y bebiendo con tranquilidad. Su rostro giró a sus espaldas y su rostro se llenó de temor, cuatro vampiros lo perseguían.
La desesperación fue causante principal de que sus piernas rompieran límites y alcanzaran una mayor velocidad. Intentó llegar donde los jóvenes para solicitar ayudar, fue en ese instante que sintió como una mano le tomaba del brazo con fuerza. Su reacción fue la de ejecutar toda su fuerza para librarse, sin éxito. Un guardia de seguridad privado le miraba con inquietud, le preguntaba el motivo de su temor y apuro.
De reojo, Marcos observó que a pocos metros estaban los vampiros.
—¡Corran! —gritó con toda la fuerza que tenía, atrayendo la atención de los jóvenes que brindaban por el año. Logró liberarse de su opresor y echo a correr hasta donde estaban los jóvenes, cuando el guardia de seguridad reconoció los rostros de los vampiros fue muy tarde porque uno de ellos se abalanzó sobre él, destruyendo su cuello en cuestión de segundos. La calle empezó a teñirse de rojo.
Una de las jóvenes del grupo de amigos se levantó a observar que era lo que sucedía en el lugar, fue en ese instante que la luz de los postes eléctricos en la calle iluminó el rostro de Marcos, los jóvenes se sorprendieron por el temor y miedo que reflejaba su rostro. Uno de los vampiros dio un salto inhumano cayendo sobre uno de los chicos y a gran velocidad le mordía el cuello con furia, matándole en ese mismo instante. La joven que estaba cerca profirió un grito agudo antes de que otro vampiro se abalanzaba sobre ella, el último vampiro al ver lejos a Marcos y que en ningún instante dejaba de correr, decidió cambiar de presa y se decidió en atrapar a otro de los jóvenes.
Marcos logró salir a otra calle circundante notando que por esa calle la gente transitaba con total calma, sus preocupaciones eran observar los nuevos productos o promociones en los escaparates de las tiendas comerciales.
En la entrada de un local comercial un animador, con maquillaje de payaso, ejercía publicidad verbal para atraer clientes potenciales. Marcos comprendió que era su única oportunidad de salvar algunas vidas, de un rápido movimiento arrebató el micrófono al payaso y advirtió a todos.
—Escuchen todos —declaró con fuerza consiguiendo la atención de algunas personas que transitaban por la calle, incluso algunos se detuvieron para escucharlo—. Deben huir inmediatamente, acaba de ocurrir una masacre en la calle aledaña y esos sujetos se dirigen para acá —concluyó tomando un respiro
Un grupo de cuatro chicas jóvenes comenzaron a reírse ante la situación. Entre burlas y comentarios ofensivos continuaron su camino. El animador le quitó el micrófono mientras le miraba con ira.
Marcos dio un respiro, ya que parecía que los vampiros no aparecerían por aquella calle, pero su optimismo no duró mucho. Fue entonces cuando el terror se apoderó de nuevo de su rostro, al ver que de las alcantarillas empezaban a salir varias de esas criaturas, entre quince a veinte de ellas.
Le arrebató de nuevo el micrófono, ante la molestia del payaso—. ¡¡¡Corran!!! —
Las personas notaron el temor en su voz y le miraron con sorpresa. Marcos soltó el micrófono, el cual cayó al suelo generando un ruido incómodo. Echo a correr en dirección sur, sin escuchar los insultos del animador.
El grupo de chicas que se habían burlado, comenzaron a generar nuevos comentarios hirientes. En ese instante uno de los vampiros se colocó frente al grupo, ante la sorpresa de ellas. De un movimiento ágil atrapó a una joven morena del grupo y le clavó sus colmillos con fuerza y rabia; la chica a duras penas pudo mover sus manos antes de morir. Las demás chicas profirieron un grito de terror, sin darse cuenta que a sus espaldas una carnicería se ejecutaba por parte de los demás vampiros.
Marcos logró ver un carro que estaba con las puertas abiertas y las llaves conectadas. Se subió en él y empezó a manejar huyendo rápidamente al sur, en su camino recogió a una joven. La cual estaba atemorizada. Con el avanzar de la ciudad, se notaba que las personas no sabían de lo que estaba sucediendo. Realmente había sido afortunado en escapar.
La zona céntrica norte de la ciudad había sido escogida por los vampiros para ser el inicio de su reinado de terror. El maestre soltaba a una joven al suelo, totalmente muerta, pensaba en lo delicioso que era el temor de los seres humanos antes de matarlos. Había hecho un llamado a sus hijos, los vampiros que fueron creados por él y definitivamente Ecuador tenía una sangre deliciosa. Pero además eso no era lo único, ya que había entre la multitud había observado a una persona, que, de seguir vivo se convertiría en uno de ellos, solo era cuestión de que la hora llegara.




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