Recuerdos de Sangre - Capítulo 6: Nuevas facetas
- Kyon Andres
- 6 abr 2020
- 8 Min. de lectura
Actualizado: 22 dic 2022
—Kurt ¿Qué te sucede? —indagó Helen con evidente sorpresa, en cuestión de segundos el nivel de seguridad de él había caído drásticamente. Kurt se encontraba arrimado con fuerza a una de las paredes cercanas, su semblante era pálido y la mirada posesionada del suelo, notó como su labio inferior temblaba de una forma que denotaba el terror que recorría en su interior.
Karina torció su mirada con molestia ante la escena que está presenciando en ese momento, la molestia invadió su ser. Estaba cansada que algunas de sus víctimas más importantes reaccionaran con temor al conocer su verdadero origen, su padre era el antecedente a que sus enemigos perdieran el valor para enfrentarla. Siempre ansiaba que temblarán ante su poder y su propio nombre, pero quizá estaba destinada a ser la sombra del legado de su padre. Movió su lengua por la parte interna de sus dientes aceptando la realidad.
—El maestre —respondió Kurt en medio de un respiro amplio—. Es el vampiro absoluto, ya que según la leyenda fue instaurado por la nada, protegido por la oscuridad, apadrinado por la muerte y un acérrimo familiar de los cuatro jinetes —declaró con un movimiento involuntario de su mano izquierda, un resultado evidente del nerviosismo.
—¿Y ella es hija de ese sujeto? —declaró Helen con desprecio y evidente desconocimiento. Su mirada se posó en los ojos de la joven vampiresa y la escaneó rápidamente, no notaba nada distinto a otros vampiros que se había enfrentado o eliminado, como sucedió minutos atrás.
—Tienes muchas agallas para expresarte de esa manera de mi ilustre padre — sentenció Karina acercándose con velocidad media a la joven. —Me agradas
El mandoble de la espada de Karina se reflejó por la brillante y blanca luz de luna. Helen saltó en dirección del cuello de su enemiga con la intención de lograr decapitar a su enemiga, pero la evadió sin mayor esfuerzo y velocidad.
—Debo aceptar y darte el crédito de que eres muy hábil, por eso lograste eliminar a mis súbditos. Sin embargo, no eres nada en frente mío —declaró con una fuerte risa de burla. El grito de furia que generó Tomás se logró escuchar en la superficie que se encontraban ellos.
—Qué demonios fue eso —pensó Kurt al presentir, con evidente rabia, que la situación iba a empeorar
—Lamento la suerte de ambos, pero no tengo tiempo para continuar esto— completó Karina sacando un cuchillo largo de entre su ropa, en el sector del busto de su vestido negro—. Sería una molestia que mi padre se enoje
—¿Acaso crees que nos puedes derrotar? —profirió en medio de molestia Kurt, que se encontraba nuevamente de pie alejado de la pared. Había conseguido fuerzas desde el fondo de su ser
—Te recuperas de forma rápida, eso es interesante. No pareces un simple humano, ya que la mayoría seguirían llenos de terror sin posibilidad de movimiento. Vaya parejita que me encuentro —se mofó Karina con sarcasmo
—No somos pareja —declararon ambos al unísono, sus rostros tomaron un color rojizo más fuerte. Karina tuvo la impresión de que estaba luchando con niños inmaduros de escuela primaria.
Karina se lanzó en contra de Helen con su arma, pero la misma fue detenida con la espada. Sintió la fuerza que ejercía la vampiresa, Kurt desde el costado intentó atacar con una estaca en la espalda, pero antes de lograrlo la pierna derecha de su contendiente la detuvo de golpe, causando que la estaca caiga. La enemiga propinó un fuerte ataque con su pierna en el estómago, por lo que cayó al suelo adolorido.
Helen provocó más fuerza en la espada logrando que Karina retroceda, sin perder tiempo causó nuevos mandobles en dirección de la hija del maestre, la cual estaba en apuros por la fuerza superior que tenía la joven. Helen, por su parte y en su mente, estaba segura que en pocos instantes acabaría con ella.
Karina principió como la fuerza de la noche de St. Vigeous inundaba su cuerpo, enseguida todo su cuerpo se llenó de un cosquilleo ancestral y sabía que significaba eso. De un movimiento ágil guardó distante de la enemiga y lanzó su arma al suelo.
Kurt se incorporó, aún adolorido, y quedó sorprendido al notar el cambio de seguridad en el rostro de la vampiresa. Helen, sin perder tiempo se lanzó para atacar, pero la vampiresa detuvo la espada con una mano, dejando en frío a la joven. De improvisto y con un giro de la mano, quebró la espada en dos pedazos que cayeron al suelo.
Kurt tomó del abdomen a la joven mientras le alejaba de la vampiresa.
—No tengo tiempo para gastarlo con ustedes, un nuevo integrante ha nacido y debo asistir a su auge. —completó sin dar importancia a los dos humanos, de improvisto y sin perder tiempo, se echó a correr por una calle a toda velocidad.
—¿Cómo es posible que haya destruido la espada? —preguntó Helen en voz alta sin poder creerlo
—Eso no importa en este momento. Algo sucedió que le brindó mayor poder, si sucede lo mismo con todos los vampiros que están en los alrededores, estaremos en reales problemas —declaró enseguida. —Conozco alguien que arregla espadas, es una opción viable
—Creo que no voy a preguntar a qué te dedicas. Sin embargo, lo más seguro es que la persona indicas este muerto —completó Helen de forma pesimista
—Lo dudo, si hay alguien que pudiera enfrentar todo este peligro definitivamente es él —declaró enseguida. —Tiene una fuerza increíble
—Está bien —declaró Helen tomando los pedazos de su espada. —Vamos
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El maestre se encontraba mirando como la herida del mordisco que le había hecho a Tomás, empezaba a desvanecerse poco a poco. Fue entonces cuando a rápidos movimientos, tanto como Keanu y Sofía arribaron a ese lugar, y miraron al nuevo integrante familiar.
—Aquel chico, al menos que recuerde mal, se encontraba en la calle a la que salimos algunas horas atrás —declaró Keanu mirando con interés. —Me sorprende que haya podido sobrevivir hasta este lugar tan apartado
—Es uno de vuestros hermanos, obviamente si cuando era humano era poderoso, más ahora que es vampiro —declaró el maestre con evidente orgullo
—Lamento llegar tarde —declaró Karina caminando de forma elegante. —Uy, ¿Ese es el nuevo? Está muy guapo
—La conversión ha comenzado —enunció el maestre
La herida de Tomás desapareció por completó y un suave color crema oscuro empezó a cubrir todo su cuerpo, desintegrando la ropa a su contacto. Al final quedó completamente desnudo, ante la evidente curiosidad de los presentes. Poco a poco ese color crema fue tomando una tonalidad oscura hasta desaparecer; en su lugar quedó el convertido con un pantalón de tela negro, zapatos negros y camisa de seda verde oscura, su rostro tomó un color rosado.
—Me preguntó ¿Cuál es el origen de su vestimenta? —declaró Keanu mirando a su padre, pero pudo constatar ante las expresiones faciales, que él también tenía esa misma duda.
Los ojos castaños de Tomás se abrieron lentamente, poco a poco se fueron adaptando al nivel de luz del lugar en el ambiente oscuro. Notó como los cuatro rostros le miraban con intriga, sin saberlo eran su nueva familia.
—Hijo mío, se bienvenido a esta oscura era de sangre y muerte que ha iniciado —expresó el maestre ayudando a incorporarse
—¿Qué? —preguntó Tomás con sorpresa en el mismo instante que lentamente se alejaba de ellos. —¿Qué te hace pensar que soy tú hijo? —continuó con un tono de burla.
—¿A qué se refiere? —expresó Karina mirando a su padre con evidente intriga
—Soy tú padre, tú creador —contestó el maestre con un tono de autoridad
—Puede ser —murmuró Tomás con evidente diversión en su tono. —Pero mi padre no. Mi padre es humano
—¿Cómo te atreves? —señaló Sofía con un tono de molestia, su mano se acercó con la finalidad de darle una bofetada, pero sintió el fino toque de la mano del maestre, por lo que desistió de su accionar.
—Comprendo. Ahora eres un vampiro, pero al convertirte en el momento de St. Vigeous causó que mantuvieras en ti todos los recuerdos de tú vida como humano, como si todavía fueran presentes.
—Interesante deducción —señaló Tomás con un fuerte y maleducado bostezo que irritó a sus tres hermanos. —La luna está en fase llena, parece que será interesante esta noche —concluyó, dio la espalda a los presentes y sonrió sin que lo miraran.
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La fachada externa de la casa era un panorama desalentador, cualquier persona que la viera pensaría que una simple brisa causaría que la casa cayera al piso. Las paredes se veían cuarteadas y vandalizadas, de igual forma algunos vidrios estaban destrozados totalmente. A duras penas se alcanzaba a reconocer, en escasos lugares, las paredes de ladrillo que habían estado pintadas de un color marfil oscuro. Helen miró a Kurt con desconfianza, incluso para trabajar de forma clandestina, era un lugar inapropiado.
—Comprendo que desconfíes, pero no puede estar muerto. Su fuerza es descomunal. Recuerda que no debes juzgar un libro por su portada —completó Kurt golpeaba un tubo de metal que lucía sucio, el cual estaba conectado con las tejas de aquella casa.
Tras pocos segundos, la puerta rechinó mientras se abría lentamente. Ambos personajes observaron el piso de madera lleno de polvo del suelo. Una mano joven apareció de la nada y acto seguido, un rostro de un personaje masculino de veinte años. Enarcó la ceja y miró al joven. —Kurt me sorprende verte aquí
—Estamos en un peligro inminente, Aren. Actualmente no hay lugar a salvo en este momento ¿Cuál es la sorpresa? —indagó Kurt
Una risa se generó de la boca del sujeto. Acto seguido observó a Helen y posó su mirada en los dos pedazos de espada que llevaba en sus manos —¿Quién es la joven que busca una entrevista con el vampiro? —se mofó por un momento
—Mereces mayor respeto, ella mató dos vampiros y se enfrentó a una de las hijas del maestre —contestó Kurt
—Interesante, ¿Cuál es tú nombre? —preguntó Aren con intriga
—Helen — respondió de forma cortante
—Muy bien Buffy, vamos a revisar a tú espada—
Helen no tomó como broma el comentario. Se abrió paso en la puerta e ingresó.
Aren se acercó a Kurt y susurrando le preguntó. —¿Le dijiste a la joven sobre tú condición?
—No —contestó. —Como no hice con la tuya
—Miserable— murmuró Aren cerrando la puerta con molestia.
Londres, Inglaterra
El grito de dolor del vampiro se escuchó en los pisos cercanos. Su acompañante le sostuvo entre sus brazos. Ambos y con horror a la dama en frente suyo. Era una joven alta de larga cabellera negra que brillaba con la luz de la luna, tenía una tez blanca y ojos oscuros como un fruto de capulí. Vestía un pantalón de cuero apretado al cuerpo, una blusa gris escotada y sobre esto un largo abrigo abierto en dos, sus manos estaban cubiertas por unos guantes oscuros de cuero, su mano derecha sostenía un látigo con espinas.
—¿Quién demonios eres tú? —preguntó la vampiresa que sostenía a su compañero herido
—Julia McFersons— declaró
—¿La esposa de Kozlov?
—No pronuncies su sagrado nombre con tú sucia boca —espetó Julia estirando su látigo que enrolló alrededor del cuello de la joven vampiresa, la cual empezó a chillar de dolor. Su cuello se tornó en un color rojizo oscuro, tal cual como si se estuviera quemando.
—¿Qué demonios tiene ese látigo? —preguntó el vampiro tratando de levantarse, pero el dolor de aquella herida en el pecho, lo impedía.
—Espinas santificadas —completó
Salinas, Ecuador
La señora de cabello blanco abrazaba a su hija con fuerza. Sus ojos estaban llenos de lágrimas generadas por el temor. No eran por el ser sediento de sangre que estaba decapitado en el suelo, sino por su asesino, un joven montado en un caballo negro.
El jinete vestía una armadura medieval y llevaba una espada en su cinturón del lado derecho. Miró sin importancia a los dos humanos y continúo con su camino a través de la pequeña población.




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